Las mascotas, compañeras de valor incalculable

Tener una mascota en casa influye de manera positiva en varios aspectos de los seres humanos como el psicológico, fisiológico, terapéutico y psicosocial, lo cual repercute en una vida más sana, más activa y con menos estrés para su familia.

Los animalitos son un excelente antídoto para la soledad humana, pues promueven la interacción entre personas desconocidas, señala el estudio La influencia de las mascotas en la vida humana, de los médicos veterinarios Leonardo Gómez, Camilo Atehortua y Sonia Orozco, del Grupo de Investigación Centauro de la Escuela de Medicina Veterinaria de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad de Antioquia, de Medellín, Colombia.

Estupendos motores para la interacción social.
Dicho texto demuestra que “los propietarios de animales tienen una mayor facilidad de socialización, de establecer el vínculo de la confianza en las relaciones interpersonales, tener una mayor participación en eventos comunitarios y apropiación de parques y otras áreas recreativas con su mascota”.
Añade que los vecinos, con frecuencia, se comunican por algún tema relacionado a su mascota, y de esta manera, se crean lazos de confianza, solidaridad y hasta de gratitud entre ellos.

Amigos incondicionales
Por otra parte, este documento destaca que las mascotas también “reducen la sensación de soledad en cada individuo y permiten la interacción de sus propietarios con el medio social que los rodea.
“En estados de depresión, estrés, duelo y aislamiento social, las mascotas se convierten en un acompañamiento incondicional, aumentando la autoestima y el sentido de responsabilidad, que genera una mejor integración con el entorno”, agregan los especialistas.

La asesoría de un veterinario
Los autores también hacen hincapié en que, antes de adquirir cualquier mascota, se debe recurrir a la ayuda de un veterinario, pues se trata de un profesional que aconsejará a los futuros dueños en varias cuestiones, como el área clínica y la sanidad animal, además de la nutrición, educación, manejo y otros cuidados para su próximo compañerito.
“Se debe orientar a los futuros propietarios en la adquisición de mascotas, analizando múltiples aspectos para garantizar la obtención más apropiada, siendo ésta una relación que debe perdurar tanto como la vida misma del animal.

“Así entonces, el médico veterinario deberá asesorar el tipo de mascota y raza apropiada para cada familia, de acuerdo con las características específicas de ésta: tipo de vivienda, capacidad económica para cubrir las necesidades básicas del animal, posibles actividades a las que se someterá (vigilancia, cría y compañía en actividades atléticas, etcétera)”, puntualiza el estudio La influencia de las mascotas en la vida humana.
Por otro lado, se remarca que “los innumerables aspectos positivos de la tenencia de un animal en el hogar sobrepasan los negativos, como serían los daños que ocasionan a los enseres, mordeduras y el tiempo que ellos demandan”; por lo tanto, quien desea una mascota debe proporcionarle afecto, cubrir sus necesidades y, a cambio, obtendrá momentos de alegría que coadyuvarán a la salud, tanto física como psicológica.

Otros beneficios de tener un animal de compañía
Por otra parte, el artículo “La compañía del perro y sus beneficios para el ser humano”, publicado por la Universidad de Alabama A&M y la Universidad de Auburn, asegura que una mascota canina puede ser la solución a los abusos de esposos (as) o a personas acechadas, pues el animal, si se entrena, es capaz de reaccionar en situaciones de amenaza contra el dueño o su familia inmediata.
El estudio también indica que un perro, previamente entrenado para estos casos, puede ser muy beneficioso en emergencias para aquellas personas que sufren algún tipo de convulsiones, debido a que alertan a sus dueños de una crisis incluso minutos antes de que ésta ocurra. De esta forma, tanto el dueño como el can podrán enfrentar la urgencia y estrecharán aún más la relación entre ambos.

Fuente: www.newsrepublic.net

Cómo saber si mi gato tiene problemas cardíacos

Los gatos, al igual que los seres humanos, pueden sufrir enfermedades del corazón. Sin embargo, son unos maestros a la hora de ocultar el dolor, de modo que a veces puede resultarnos muy complicado saber cómo se encuentran de salud.

Por ello, es muy importante que estemos atentos ante cualquier detalle nuevo que haya podido surgir, pues puede ser una señal de que nuestro amigo no está bien. A continuación te explico cómo saber si mi gato tiene problemas cardíacos.

¿Cuáles son los síntomas de enfermedad cardíaca en los gatos?

El gato es un peludo que no va a expresar dolor a menos que ya no pueda soportarlo más. Cuando tenga problemas cardíacos, los síntomas que va a mostrar son los siguientes:

• Letargo: es debido a que el corazón se ve obligado a trabajar más para hacer llegar la sangre a todas las partes del cuerpo, lo que provoca que el gato se canse mucho más rápido al hacer cualquier actividad física.

• Mareos: al caminar se sentirá mareado y débil, por lo que aprenderá a que es mejor quedarse quieto.

• Frecuencia respiratoria alta: en un gato sano, la frecuencia respiratoria varía entre 20 a 30 respiraciones por minuto. Si supera las 35 estando en reposo, debe de preocuparnos, pues sus pulmones al tener una acumulación de líquido no trabajan debidamente, por lo que el intercambio de oxígeno a través de ellos es ineficaz.

• Jadeo: a menos que el gato haya jugado vigorosamente o haga mucha calor, si vemos que respira por la boca probablemente tenga problemas cardíacos.

• Pérdida de apetito: si su corazón está enfermo, el gato dejará de tragar ya que de lo contrario tendría que dejar de respirar.

• Desmayo: en casos graves, el gato puede desmayarse cuando no le llega suficiente sangre al cerebro.

• Acumulación de líquido en el vientre: como resultado de un intercambio de fluidos dentro de los vasos sanguíneos que dejan que el líquido se filtre en las cavidades corporales.

• Parálisis en las patas traseras: si la enfermedad sigue avanzando, se desarrollan coágulos de sangre que se alojan en un punto donde la arteria principal que va hacia sus patas traseras se divide en dos.

¿Cuál es el tratamiento?

Si sospechamos que nuestro gato tiene problemas cardíacos, no hay que dudarlo: deberemos de ir inmediatamente al veterinario. Una vez allí, le harán una serie de exámenes, como ecografía del corazón, radiografías y análisis de sangre para determinar la causa y encontrar así el diagnóstico. Dependiendo de cuál sea el motivo por el que el corazón no funcione correctamente, el profesional puede optar por intervenirlo quirúrgicamente para repararlo o para eliminar el exceso de líquido, o bien nos recomendará darle medicamentos y una dieta baja en sodio.

Los gatos con enfermedades cardíacas tienen que ser atendidos lo antes posible. Recuerda que un diagnóstico precoz sirve para que la recuperación sea más rápida.

FuenteNotiGatos.es Publicado por Monica Sanchez

Cómo alimentar a un gato que no quiere comer

Nuestro gato pasará por diferentes etapas a lo largo de su vida. Al igual que nosotros, tendrá momentos muy buenos, y otros que no lo serán tanto. Es posible que caiga enfermo alguna que otra vez o que sea testigo de una separación, mudanza o de la pérdida de un ser querido.

¿Cómo reaccionará ante estos cambios?

Seguramente mal. Perderá interés por sus juguetes, estará más tiempo en su cama, no querrá que nos separemos mucho de él, y lo que es más preocupante si cabe, puede dejar de alimentarse. ¿Cómo alimentar a un gato que no quiere comer? No es fácil, pero con estos consejos lo será un poco más .

¿Por qué deja de comer un gato?

Para ayudar a nuestro querido amigo, lo primero que tenemos que saber es por qué ha perdido el apetito. Así, podremos tomar las medidas necesarias y conseguir, así, que poco a poco vaya recuperándose:

Ambiente familiar tenso: el animal que no se siente tranquilo, podría dejar de comer. Los gritos, la música a todo volumen, el no dejarle su espacio personal, las faltas de respeto hacia el animal, además de los malos tratos, sólo servirán para que el gato caiga enfermo.

Llegada de un nuevo miembro a la familia: a los gatos no les gustan mucho los cambios, y si ese cambio está producido por la llegada de un nuevo miembro al hogar, les suele costar bastante más aceptarlo.

Tiene alguna enfermedad: hay algunas enfermedades, como la leucemia felina o la peritonitis infecciosa felina (PIF) que pueden hacer que las fosas nasales se obstruyan y el gato pierda capacidad olfativa. Cuando eso ocurre, no tiene tantas ganas de comer como antes.

Ha perdido a un ser querido: todos los animales con sentimientos, incluyendo a los gatos, lo pasan mal cuando dejan de ver a un ser querido. Pueden verse como si estuvieran ausentes, sentados en un rincón mirando hacia ninguna parte. No tendrán ganas de jugar, ni tampoco de comer, pero tenemos que asegurarnos de ingieren al menos algo de comida y agua cada día.

Abandono: un gato que ha sido abandonado podría llegar a dejar de probar bocado. ¿Por qué? Porque se ve en una situación que no sabe cómo afrontar. Puede que esté en un refugio de animales, pero aunque esté con más gatos y gente que realmente se preocupa por él, estará triste por un tiempo hasta que encuentre una verdadera familia.

¿Cómo reconquistar el paladar de un gato enfermo o triste?

Lo primero y más importante que tenemos que hacer es llevarlo al veterinario para que lo examine. Como hemos dicho, si está enfermo puede que no coma, de modo que para que lo haga probablemente sólo tendremos que darle el medicamento que nos recomiende el profesional. En ningún caso debemos de auto-medicarlo ya que podría ser muy perjudicial para él.

Otra de las cosas que podemos hacer es darle latas (comida húmeda) para gatos. Como éstas tienen un olor más intenso que el pienso seco, le estimulará el apetito, y seguro que no deja nada en el plato. Tienen un precio más elevado que la comida seca, pero aconsejamos darle latas hasta que se haya recuperado, o bien mezclársela con el pienso.

Por otra parte, hay que dejarle agua, así como la comida, siempre a libre disposición, en una habitación en la que no pase mucha gente. Si es un gato que lo está pasando mal porque la familia ha aumentado, es muy aconsejable procurar que ambos pasen tiempo juntos, recibiendo la misma ”cantidad” de cariño y las mismas atenciones.

Si pasa el tiempo y no vemos mejoría, es importante que lo llevemos al veterinario y a un educador de gatos que trabaje en positivo, especialmente si sospechamos que está pasando por el duelo o que está deprimido. La buena salud del peludo dependerá, en gran medida, de que se mantenga bien alimentado y cuidado.

Hagamos lo posible para que sea feliz. Se lo merece.

Fuente: www.notigatos.es (publicado por Monica Sanchez)

Tu gato desciende del gato salvaje africano

«El ser humano es civilizado en la medida en que comprende a un gato», afirma una cita atribuida habitualmente al escritor irlandés George Bernard Shaw, la primera persona que ganó un premio Nobel y un Oscar. La frase es presumiblemente apócrifa, pero sirve para resumir la historia común de humanos y felinos, detallada hoy por un equipo internacional de científicos.

Los investigadores han analizado el ADN de los restos de unos 200 gatos, tomados de momias egipcias, yacimientos vikingos y cuevas de la Edad de Piedra, entre otros lugares variopintos. Los indicios sugieren que todos los mininos domésticos actuales descienden del gato salvaje africano, una subespecie del gato montés euroasiático. “Hemos detectado dos centros de domesticación independientes: uno en Próximo Oriente hace unos 10.000 años y otro posterior en Egipto”, explica Arturo Morales, un biólogo de la Universidad Autónoma de Madrid implicado en la investigación.

El pelaje a manchas no se hizo habitual en los gatos domésticos hasta la Edad Media

Los científicos han dibujado la biografía del gato más exhaustiva hasta la fecha. Su amistad con los humanos habría surgido hace 10 milenios, cuando los gatos salvajes africanos se acercaron a los primeros asentamientos agrícolas, probablemente atraídos por los roedores que infestaban las cosechas. La convivencia durante el Neolítico en el Próximo Oriente habría dado lugar a una selección de los gatos más sociables, que acabaron saliendo de la península de Anatolia en un primer linaje que conquistó la actual Bulgaria hace más de 6.400 años.

Un segundo linaje posterior dominó el Antiguo Egipto, según muestra el análisis de ADN de las momias felinas egipcias. Los investigadores —dirigidos por los genetistas Eva-Maria Geigl y Thierry Grange, del CNRS francés— creen que estos gatos conquistaron el Mediterráneo hace unos 3.000 años a lomos de los barcos mercantes, en los que eran introducidos para acabar con ratas y ratones. El estudio constata la presencia de estos gatos de origen egipcio en el puerto vikingo de Ralswiek, en la actual costa alemana, en el siglo VII. También aparecen en el puerto persa de Siraf, en lo que hoy es Irán, en el siglo VIII.

El ADN analizado confirma lo que ya sugerían las pinturas del Antiguo Egipto: por entonces predominaban los gatos atigrados listados, con bandas en su pelaje, como sus hermanos salvajes. El patrón a manchas en los felinos domésticos no se hizo habitual hasta la Edad Media, tras aparecer en el siglo XIV en Turquía occidental.

En el estudio, publicado hoy en la revista especializada Nature Ecology & Evolution, también ha participado la paleontóloga española Laura Llorente, de la Universidad de York (Reino Unido). Llorente y Morales han aportado el análisis de restos de gatos prehistóricos hallados en Tabernas (Almería) y Cova Fosca (Ares del Maestrat, Castellón).

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Hace 10 años, un estudio pionero en el que participó el biólogo Miguel Delibes de Castro ya conectó el origen del gato doméstico con la revolución agrícola en Próximo Oriente. A juicio de Llorente, la fortaleza del nuevo trabajo deriva de los restos analizados, que cubren un periodo desde el siglo XIX hasta hace unos 9.000 años. «La información que proporcionan estas muestras es muy potente y más detallada que la que hasta ahora habían proporcionado estudios anteriores que habían utilizado muestras actuales o, en caso de ser de museos, muy recientes», opina la paleontóloga.

 

Fuente: El Pais, Manuel Ansede